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COLUMNA | Jodete: ponerle el cuerpo a la crisis como identidad de resistencia

Estrenamos en Sur Arriba la columna de esta colectiva*, que expresa el sentir de jóvenes con una fuerte voz desde los territorios y que tiene una mirada opuesta al ambientalismo corporativo de ciudad, que incomoda al poder.
Fotos: Nicolás Palacios

* Somos Jóvenes en Defensa de los Territorios: Jo.De.Te.
Quienes conformamos la colectiva habitamos las provincias de norte a sur y de este a oeste. No tenemos líderes. Nos une el amor por nuestra tierra y el dolor de cuando la maldesarrollan. Somos horizontales porque ninguna provincia es más que la otra y ningún dolor nos es ajeno. Somos diversos y pluriculturales. Nos unimos porque nos agota escuchar como hablan los medios por nosotros sin conocernos. No necesitamos que ninguna agrupación internacional o de las grandes ciudades nos expliquen cómo o por qué nos explotan. Tenemos voz y la usamos.

El fuego en la cordillera y el sentir patagónico como identidad de resistencia
Otro verano en llamas. Otra temporada más viendo como el fuego se lleva nuestros bosques y nuestras vidas. Año tras año ese fuego se construye en base a intereses extractivistas, como si estuviéramos destinados a aceptar la entrega de nuestras tierras a las corporaciones.

Para poder dimensionar cómo afecta desde diferentes aspectos (salud física y mental, económico, etc) a los ciudadanos de la cordillera este fuego es necesario entender el sentir patagónico. Este rasgo es difícil de explicar a quienes no habitan el territorio, pero la base de la identidad patagónica consiste en sentirse parte del entorno, somos miembros de una casa común: la tierra. Nuestra tierra.

El patagónico fluye con cada río, se sumerge en la inmensidad del bosque, se estremece ante la quietud de la montaña, se deja llevar por el viento, se perfuma con el mar, mira mucho el horizonte… Esa cotidianidad nunca pasa desapercibida, por el contrario, en la naturaleza el patagónico encuentra el poder, la paz, la fé y la esperanza; la naturaleza los salva. Si se quema nuestra tierra, nos quemamos nosotrxs. Y no hacer nada no es una opción.

Ponerle el cuerpo al fuego, poner el cuerpo a la crisis
Nuestro país y el mundo están atravesando una crisis climática que viene a cuestionarnos el modo en el que vivimos y producimos. Si bien es una afectación global, esta temporada nos exige hablar de quiénes le ponen el cuerpo, quiénes sufren las consecuencias climáticas: los habitantes del territorio.

Hay vida más allá de CABA. En las zonas alejadas de las metrópolis viven aquellos que padecen las emergencias climáticas en primera persona, son la primera línea de lucha y resistencia por el territorio, contra las corporaciones extranjeras, y los traidores de la patria, que en nombre de nuestra bandera buscan robarnos la fe dispuestos a entregarlo todo; ahí viven aquellos que están dispuestos a defender posta la patria haciéndole frente, incluso al fuego.

En la cordillera chubutense, puntualmente en la ciudad de Esquel, la resistencia ciudadana lleva más de veinte años al grito de No Es No. CHUBUT NO ES, NI SERÁ,  ZONA DE SACRIFICIO, ni para la megaminería, ni para los intereses inmobiliarios, ni para ningún proyecto que se base en intereses ajenos a los verdaderos dueños de la tierra. Quien no habite este territorio tal vez le cueste comprender el arraigo que tiene esta postura en la comunidad.

Pasamanos de solidaridad

El sentir popular, una vez más, se vio materializado en una gran movilización en Esquel, que encontró a los que hace tiempo no se encontraban; la tristeza del pueblo generó el abrazo de consuelo entre los hijos e hijas de ese bosque herido: un abrazo en forma de agradecimiento colectivo a nuestros vecinos brigadistas y bomberos que exponen su vida al combate del fuego aún siendo precarizados.

El amor por nuestra tierra y nuestra gente se evidenció en cada donación, que se revaloriza en estos tiempos, donde al vecino le cuesta cada vez más llenar su alacena, pero que no duda en salir a aportar para ser parte de la lucha la defensa del bosque.

En esa plaza, la plaza San Martín, la misma que reúne al pueblo de Esquel que resiste hace más de 20 años a las corporaciones mineras, que esparció la lucha por toda la provincia, ahí estuvo la solidaridad como herramienta popular ante la crisis. No ser indiferente, y asumir la obligación de indignarse frente a la injusticia que se vive es el pilar de resiliencia que nos sostiene en estos tiempos, donde el Estado nos olvida. Cientos de actos de solidaridad, la voluntad popular como respuesta al reclamo de humanidad de nuestros días, la respuesta popular como expresión de esperanza.

Si la ayuda no viene desde arriba, nos organizamos desde abajo. Y lo que viene de abajo viene con más fuerza.

En la Argentina que vivimos, donde el Estado se aleja de quienes sufren, urge organizarnos, abrazarnos al sentir popular y que de eso resulte la organización en defensa de lo nuestro y de los nuestros; las comunidades organizadas desde el sentir colectivo, “alojando los dolores y siendo parte de las soluciones.

Deseamos que la solidaridad continúe uniéndonos, no como un simple acto de caridad sino como convicción política de pensarnos como un todo. Pero que no quede solo en eso, que también sea parte de la exigencia al Estado, un Estado presente que garantice legislación que proteja nuestras tierras, que se piense en argentino y no se base en intereses ajenos, y que llegue ahí donde están quienes sufren.

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