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SUR ARRIBA, NUESTRA AGENDA

Abrir un nuevo medio periodístico en el contexto actual tiene su dosis de riesgo. Hacerlo como cooperativa aparece como otra señal a contramano en el mapa de medios provincial. Queremos hacerlo con tu aporte, compartiendo y haciendo propia nuestra agenda. Somos sur, queremos ser eco de su fuerza.
Sur Arriba ilustración

UN NUEVO AIRE PATAGÓNICO SOPLA DESDE CHUBUT

SUR ARRIBA, NUESTRA AGENDA

Lanzar un medio de comunicación en un contexto de persecución y silenciamiento de las voces disidentes es una apuesta a contracorriente. Ataques en coberturas, agresiones físicas y verbales, amenazas, denuncias penales y represión policial son algunas de las formas en que la nueva ola que dirige el timón nacional lleva adelante su máxima importada: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”. Pablo Grillo, el fotógrafo al que el gendarme Héctor Guerrero le disparó en la cabeza mientras cubría una movilización popular, es el testimonio vivo de una época en la que comunicar es cada vez más riesgoso.

Hacerlo de forma cooperativa mientras se descompone el tejido productivo reafirma la senda. El contexto de precarización general del trabajo en nuestro país se agrava en el sector de la comunicación. Sólo por hacer un recorte, en los últimos 10 años, los puestos de trabajo periodísticos que se perdieron se cuentan de a miles: según una estimación realizada con la IA con datos disponibles y otros proyectados, la cuenta da al menos unos siete mil. Y es la propia IA la que hoy nutre un alto porcentaje de los portales informativos.

Las condiciones laborales han empeorado drásticamente, combinando alta precarización, salarios bajos y pluriempleo. Hoy, noviembre de 2025, el salario promedio de un trabajador de prensa ronda los 700 mil pesos mensuales con jornadas de seis días, ocho horas diarias. La canasta básica en Patagonia para una familia de cuatro ronda el millón y medio de pesos.

Lanzar un medio digital, independiente y autogestivo en este contexto también plantea un desafío en épocas de reinado del algoritmo. La creatividad y el ingenio popular de una sociedad que hace tiempo identifica la comunicación como un poder específico se vuelven a poner en acto para atravesar a contracorriente la tormentosa ola de desinformación en el que, hoy, los grandes colectivos sociales intentan surfear.

Habitar creativamente la red en vez de dejarnos atrapar por ella; abrir la trama, generar espacio para que las voces silenciadas por el algoritmo compartan el florecer de sus prácticas disidentes, colectivas, cooperativas. Hacer comunidad desde la palabra. Con estas certezas, y con la intuición de anclarnos en lo territorial como punto de partida, abrimos un espacio que soñamos amplio, plural, picante, incisivo; profundo y contradictorio, como nuestros gustos preferidos.

Lo hacemos en una región que, si bien ha sido históricamente faro de resistencias a nivel global, hoy está sujeta a niveles de especulación extractivista inéditos. En los últimos dos años los gobiernos de Chubut y Río Negro han avanzado a pasos agigantados en la ejecución de un andamiaje jurídico-legislativo que promueve el despojo de los bienes comunes y la entrega del territorio a diferentes poderes transnacionales. Vivimos una pavorosa continuidad histórica con las formas jurídicas posteriores a la etapa militar del genocidio, hacia finales del siglo XIX. El mar, para las petroleras; la tierra, para empresas extranjeras; la ley, para las mineras. La Patagonia como moneda de cambio. El territorio para los de afuera. ¿Y para nosotras y nosotros, de acá, qué?

En Chubut, ese modelo de Patagonia for export ha ido esmerilando la fortaleza democrática del Estado y sus instituciones, en las que ha ido creciendo un tufillo autoritario que reprime y condena cualquier mecanismo de participación popular, desconociendo no sólo demandas sectoriales sino también derechos colectivos. La violencia sistemática hacia las comunidades mapuche tehuelche, la criminalización y el armado de causas a militantes y vecinos de a pie, la represión desplegada contra el pueblo movilizado en cada reclamo sectorial o colectivo, se apoyan en la desinformación permanente y la proliferación de un racismo estructural que busca naturalizar la vulneración de los derechos colectivos de los pueblos. La acusación de terrorista para quien se planta en contra del modelo de saqueo recorre nuestra historia política y nos hace interrogar la democracia que hemos construido.

¿Cuál ha sido el rol de los medios locales y regionales en ese proceso? ¿Cómo se entiende que la sede del diario que se ufana de ser el “de mayor circulación” de nuestra provincia sea objeto de escraches y hasta atentados en las expresiones callejeras de descontento popular? En términos comunicacionales, la principal víctima de este proceso de deterioro institucional y del oficio periodístico que describimos es el público destinatario de esta construcción noticiosa.

En Sur Arriba queremos construir narrativas que nos ayuden a retomar la conversación, el diálogo, como base de una cultura política que nos impulsa hacia adelante. Somos conscientes del momento histórico en el que desarrollamos nuestra tarea como comunicadores y partimos de una posición ética y política que trasciende las disputas partidarias y las mezquindades del cotidiano.

Ansiamos ejercer nuestro trabajo periodístico independiente con orgullo y compromiso. Por eso nos agrupamos cooperativamente: como nuestras abuelas, nos sostenemos colectivamente para poder ser. Buscamos recuperar las historias de nuestros pueblos que iluminan futuros posibles. Somos sur, traemos la palabra del viento y el polvo, del mar y los lagos; escuchamos el canto del agua en las voces de nuestro pueblo y queremos ser eco de su fuerza que grita: ¡Sur Arriba!

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