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“El antes y el después de un incendio tienen igual o mayor importancia que el combate”

Mariano Amoroso (investigador Conicet / docente UNRN) propone pensar en el día después del fuego de manera colectiva: ¿cómo nos reconstruimos?

Mariano Amoroso es investigador independiente del CONICET, director de la Maestría en Agroecología y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro, sede El Bolsón. Durante 2025 participó en distintas charlas y trabajos impulsados a través de proyectos de Extensión de la UNRN, pensando en el día después de los incendios y construyendo respuestas colectivas a una pregunta insistente: ¿cómo nos reconstruimos?

En este inicio de 2026, con nuevos incendios atravesando el territorio, la conversación retoma esa pregunta y nos proponemos ampliar la reflexión: prevención, reconstrucción, educación, ordenamiento territorial y el rol del Estado, la universidad y la comunidad.

Amoroso plantea una tesis incómoda: el problema no es sólo el fuego. Es el antes. Y es el después.

“La problemática socioambiental y el desorden territorial que tenemos es enorme”, dice Amoroso. Y advierte: “El mañana va a ser el día anterior al próximo incendio”.

El error de mirar solo el combate

Se invierten millones en el combate. Aviones, logística, despliegue. ¿Estamos mirando el lugar equivocado?

-Si bien el durante tiene su significado y su importancia, porque nos atraviesa el cuerpo, el antes y el después tienen igual o mayor importancia. Incluso, son esas instancias desde dónde podemos ser más eficientes en la acción comunitaria.

El mañana o el después de hoy va a ser el día anterior al próximo incendio, lamentablemente. Entonces ahí la prevención es un factor clave. Tenemos que trabajar fuerte generando políticas públicas nuevas, haciéndoles saber a los distintos niveles del Estado —nacional, provincial y municipal— que es necesario más plata ahí. Podemos hacer mucho todavía.

¿Dónde destinar los recursos, que son cada vez menos?

-En el durante vemos que hay mucha plata —a pesar de que es insuficiente, y vuelve a ser insuficiente este verano—. El Estado está presente, pero no lo está haciendo de la manera que alcance para todo esto. Y desaparece más cuando hablamos de prevención, producción local, cuando hablamos del día antes y del día después.

Entiendo la necesidad de ver aviones volando y que en muchos casos es necesario, pero no en todas las situaciones. A veces termina siendo un efecto placebo. Tenemos que preguntarnos si esos millones no podrían destinarse a prevención, y a mejorar las condiciones de las y los combatientes, y crear un verdadero plan de manejo sostenible territorial.

Ya no es sólo ambiental

—Durante años se habló de incendios como un problema ambiental. ¿Qué cambió?

-Ya dejó de ser una cuestión ambiental. Lo que vivimos es una problemática socioambiental.

Antes los incendios ocurrían allá lejos, en las montañas, en áreas de reserva cuyo principal objetivo era la conservación. Ahora el fuego se desarrolla en zonas de interfase, donde hay familias viviendo sin planificación territorial, sosteniendo medios de vida y actividades productivas.

En el caso del incendio Confluencia, en Mallín Ahogado fue muy claro: más de doscientas familias afectadas. Ahí hay medios de vida, hay racionalidades, hay familias que necesitan y viven de ese territorio.

El “día después” como política

—Después del incendio impulsaron la convocatoria “El día después”. ¿Qué buscaban? ¿Alcanzó?

-Durante los incendios de 2025 tratamos de aportar desde la universidad. Y algo que vimos fue que la intensidad comunitaria baja con el tiempo. Actores institucionales ya nos lo habían dicho: pasa el incendio, pasan dos o tres meses y la gente es menos.

Entonces nos preguntamos qué podíamos sumar desde nuestro lugar. Con fondos remanentes, en un contexto de súper restricción al financiamiento universitario, armamos la convocatoria “El día después”.

Tuvo dos ejes. Uno, la silvicultura preventiva y reducción de combustibles. Porque no va a suceder magia. Estos eventos van a seguir ocurriendo.

El otro eje fue la reconstrucción productiva. Visitamos familias que perdieron huertas, frutales, servicios turísticos. La pregunta fue: ¿cómo se rearman?

Las experiencias fueron todas positivas. Pero siempre uno se queda pensando que es insuficiente. Cada proyecto contó con 500 mil pesos. Nada. Es la nada misma.

Con eso hacés un par de viajes, comprás algo de mangueras, un par de frutales y ya se te fue. Se necesita que el Estado participe más. También en lo burocrático. En Río Negro trabajamos con la municipalidad, SPLIF, CEA, INTA, escuelas. Pero hay límites estructurales.

Desorden territorial

“La provincia de Río Negro incumple en actualizar su ordenamiento territorial del bosque nativo, y la justicia tuvo que pedirle que lo haga. En Chubut es la misma situación.”

“Hay un desorden territorial enorme. Ese desorden no existía hace 25 años. Hay una idea de que ‘a mí no me va a pasar’. Pero el contexto cambió”.

“Estos incendios tienen otra magnitud, es otro escenario diferente a lo que veníamos viviendo. Hay acciones concretas que se pueden hacer: reducir combustible, generar espacios defendibles, asesorarse con el SPLIF, mover leña antes del verano. La prevención también puede incluir profesionalización y trabajo permanente de brigadas durante todo el año. Educando podemos prevenir”, argumentó Amoroso.

Universidad y rol público

—¿De qué manera la Universidad puede aportar a estás necesidades?

-Nosotros durante 2025 tratamos de sumar con lo que sabíamos y podíamos. Los proyectos de extensión involucraron docentes, no docentes y estudiantes. Fueron cortos, de seis meses, y buscaron trabajar horizontalmente con familias e instituciones.

La idea de extensión no es un modelo vertical. Es discutir previamente con las familias, generar talleres participativos.

Tenemos líneas de investigación en incendios, pero necesitamos más recursos humanos y financiamiento. La complejidad es tal que tenemos que tener otro rol. Y la prevención tiene que ser el eje.

Para Amoroso, la discusión no es técnica sino política y cultural.

No se trata solo de apagar incendios.

Se trata de asumir que el “después” empieza hoy. Y que el “mañana” es, inevitablemente, el día anterior al próximo fuego.

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