Lo que hacemos con periodicidad nos forma una parte del carácter. Decir la profesión puede ser identidad y decir de qué trabajamos completa un cuadro de personalidad para un desconocido. Por eso cuando nos informan que hay proyectos de reforma laboral es imposible imaginar la proyección del impacto. Ya es muy difícil identificar lo que hoy en día nos estructura al respecto, por ejemplo, el pago mensual en vez de semanal: hace que haya un “principio” y un “fin de mes”. O que las vacaciones sean 14 días corridos al año, que el sueldo sea bancarizado, tener descansos los domingos, licencias por maternidad y paternidad… podría seguir con los ejemplos, pero no es la razón de esta nota.
La LCT o Ley de Contratos de Trabajo, que es una tabla mínima sobre la que después se apoyan los demás convenios específicos, es de 1974. Y esta no es la primera vez que se busca modificar: en abril de 2000, hubo un tratamiento de un proyecto de ley para incrementar el período de prueba a seis meses y la posibilidad de hacer convenios por empresa en vez de por actividad. Ese intento fue popularmente conocido como “Ley Banelco” por los escándalos de corrupción que la rodearon, y que determinaron su derogación en 2004.
Las referencias al 2001 aparecen rápidamente. Parece que el dicho que la historia se repite está solidificado o la memoria es muy fresca, porque en lo legal como en el mainstream hay escritos y personajes que son descongelados tras veinte años. Hasta el concepto “ticket canasta” pulula como un destino anunciado al que no queremos arribar.
Cuando nos informan que hay proyectos de reforma laboral es imposible imaginar la proyección del impacto. Y esta no es la primera vez que se busca modificar la Ley de Contratos de Trabajo.
Le pregunto a personas que no conozco si se acuerdan de una medida económica que crean que les haya cambiado la vida, y me dicen que ninguna. Unos minutos después, me cuentan: “En el 2001 me acuerdo que estábamos en Carlos Paz porque mi mamá se le había dado el capricho y mi papá hacía muchas cuentas a la noche en una libreta”, “mi recuerdo es que jugaba con la hija de la peluquera del trueque cuando tenía 10”.
El 2001 también fue el inicio de una proliferación de empresas recuperadas por sus trabajadores, la mayoría con organización cooperativa (8.000 en la década del ‘90 y 16.000 para 2010; hoy, cerca de 23.000). ¿Sucedió que la gente tenía ganas de agruparse? No, fue la que tocó. La empresa quiebra, los trabajadores continúan en ella trabajando, abonando la principal característica de una cooperativa: decidir mediante asamblea.
¿Qué pasa si ahora elegimos esta forma? ¿No es esta una alternativa ya existente, ya estudiada, en la que podemos trabajar?



La principal característica de una cooperativa: decidir mediante asamblea. ¿Qué pasa si elegimos esta forma?
Todos queremos trabajar mejor, la pregunta es… ¿en qué aspecto? Y si la respuesta es, además del aspecto económico, en la forma de trabajo, es la organización cooperativa la que permite que la vida de las personas transcurra en sincronía con la organización. El manejo y disposición del tiempo es un valor para las nuevas generaciones (y las anteriores), y es posible si somos quienes decidimos sobre nuestra forma de trabajo.
Qué paradoja que uno de los puntos centrales de la discusión del proyecto de reforma laboral sea el del uso del tiempo a partir de la aplicación de un banco de horas donde el empleador avise (porque decide) cuándo necesita de la disposición del trabajador.
Si estamos en momentos de pensar el trabajo, pensemos que hay oportunidades de mejora, en dar con las opciones para estar mejor. Por eso la conformación de esta organización, que tiene por objeto sostener un medio de comunicación, como una cooperativa. Nuestro grupo pre-cooperativo obtuvo la matrícula el 4 de septiembre de 2025. Desde entonces, estamos conformados formalmente como cooperativa de trabajo. Y gracias a esa conformación, podemos empezar a ejercer nuestro trabajo periodístico con nuestras propias lógicas.
En el marco de un nuevo aniversario del levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 –y frente al contexto tan adverso para el ejercicio del periodismo– agruparnos colectivamente, decidir asambleariamente y trabajar en forma cooperativa nos abre las puertas de una alternativa.






