[Esta nota fue publicada dos semanas antes del incendio desatado el 5 de enero de 2026]
INCENDIOS, FORESTACIONES ABANDONADAS Y NEGOCIO INMOBILIARIO EN LA CORDILLERA
No había empezado diciembre siquiera cuando ardió el Pirque, en el ejido de Epuyén, en un contexto de alerta meteorológica por fuertes vientos en toda la región patagónica, y nos tuvo en alerta casi una semana. Pavada de lugar elegía el fuego para iniciar la temporada 2025-2026. El trauma del incendio de interfase que el 15 de enero pasado consumió 79 viviendas en Epuyén latía con fuerza en cada vecino que se asomaba a hacer un registro y subirlo a su estado de whatsapp. En algunos sectores del pueblo, todavía se siente en el aire el olor del incendio anterior.
El Turbio, al sudoeste de Lago Puelo, queda más lejos –cruzando el lago, bien metido en la cordillera– y no pasa ninguna ruta nacional por al lado (al menos por ahora). La población rural, dispersa entre el lago, el río que da nombre al paraje y la cordillera interminable, no tenía tantas chances de contar lo que pasaba. Con el correr de los días, sin embargo, se las ingeniaron para alertar sobre la complejidad del escenario. Las brigadas forestales no están dando abasto. Los medios aéreos, una vez más, son insuficientes. La cabeza del incendio avanza sin piedad y algunos pobladores empiezan a temer que pueda venirse sobre sus campos. Sólo la lluvia, que por suerte llegó luego de dos semanas, podía dar una tregua para el trabajo de las brigadas.
Más allá de las especulaciones e investigaciones en curso sobre el origen del fuego, ambos incendios vuelven a activar la alerta ante una nueva temporada de emergencia ígnea en un contexto climático adverso: temperaturas extremas, sequía prolongada, fuerte propagación por vientos inusuales e incidencia de rayos. Este año llovió menos de la media para los registros habituales, pero nevó todavía menos; la fragilidad de los ecosistemas boscosos en este contexto de sequía es enorme. Los fuertes vientos que azotan la región hace algunos años, producto de sistemas de baja presión que se vinculan con las temperaturas extremas de los últimos veranos, se combinan a la vez con la presencia cada vez más frecuente de tormentas eléctricas cuyos rayos impactan en el bosque y generan focos de incendios forestales en lugares muchas veces inaccesibles para los mal pertrechados servicios de combate del fuego.
En ese contexto, necesitamos pensar preguntas que nos permitan mirar más allá del humo que nos tapa las cabezas. Una de ellas sería: ¿puede alguien beneficiarse con todo esto?

Donde hubo fuego, ¿negocios quedan?
A nivel local, hay un nombre que resuena en la historia de las plantaciones de pino en Epuyén. Durante los años ’90 se hizo famosa una estafa llevada adelante por un empresario forestal que desapareció del país adeudando la devolución de un crédito del Banco del Chubut cuya cifra total se acercaba al millón de dólares. El empresario, de apellido Sánchez Cabezudo, había conformado en la década del ’80 una sociedad anónima denominada “Bosques de Epuyén” con la que había obtenido concesiones forestales de parte del estado provincial, que derivaron en ese negociado que lo eyectó del país hacia fines de los ’90. “No podría admitir que nadie diga que existe alguna prebenda o beneficio político por mi amistad con el Gobernador Carlos Maestro”, había declarado Sánchez Cabezudo poco antes de desaparecer del país.
Antes de ese derrotero, la empresa Bosques de Epuyén fue beneficiada por la dictadura militar con una concesión forestal a 30 años de 200 hectáreas en cercanías a los arroyos Pedregoso y Blanco, hoy arrasadas por el fuego. Paralelamente, desde los años ’70 había ido haciéndose con diferentes fracciones de tierras en la zona de Epuyén, con operaciones que siempre se titularizaban a nombre de su esposa, y que darían nombre a la sociedad anónima.
Con la desaparición del empresario y el tendal de deudas, la empresa sobrevivió, cambió de composición accionaria incorporando capital norteamericano, y sostuvo algunos permisos de explotación como el de Rincón del Aceite, en Corcovado. En la actualidad, según reseña el libro “Epuyén, lo que la tierra se llevó”, de Ernesto Maggiori, las tierras que la empresa ocupaba en Epuyén se han multiplicado y en parte de ellas se lleva adelante un loteo cuestionado por vecinos de la región, que han llevado adelante acciones legales y administrativas para impedir el avance del negocio inmobiliario en ese lugar. “Senderos del Epuyén” es la marca con la que la empresa, dirigida en la actualidad por la familia Carbi (oriunda de la zona norte del AMBA), pretende comercializar parcelas de entre 5000 y 6000 metros cuadrados (aproximadamente media hectárea) en una zona donde el ordenamiento territorial no permite fraccionamientos menores a dos hectáreas.
Esta deriva del modelo de negocio forestal al inmobiliario es también una explicación para el estado de abandono de las forestaciones de pinos que funcionaron como una mecha en los últimos incendios. Al menos es la excusa que los directivos de la empresa esgrimieron frente a un grupo de vecinos que se reunieron a pocos días del incendio para organizar las tareas de contención tras el paso del fuego. Los Carbi se presentaron en el lugar y dijeron que no habían podido mantener la forestación en condiciones por la negativa del Concejo Deliberante local a aprobar su loteo, impidiendo así –según su relato— realizar las inversiones necesarias, que seguramente hubieran prevenido el desenlace catastrófico.
Algunos de esos vecinos decidieron presentarse en la fiscalía que tiene a su cargo la investigación de las causas del incendio y exigir que se incorpore en ellas el descuido de la forestación por parte de la empresa, de la que tampoco se ha establecido fehacientemente su propiedad sobre las tierras que dice detentar. Entre los vecinos que realizaron esa presentación se encuentra Azul, que así nos contaba sobre su testimonio:
-Yo lo que planteé es que he caminado muchas veces ese lugar, porque siempre fue de uso público hasta que empezaron a cerrar estas personas. Y entonces al no poder entrar, ni siquiera los caminos estaban liberados, porque no dejan que pase nadie y solamente lo tienen ahí cerrado. Eran pinares de 20 ó 30 metros de alto, de muchos años, que no se usaban para nada porque eran estas pinificaciones financiadas por el estado, que eran de este pino ponderosa que no sirve ni para madera ni para nada. Y estaba totalmente abandonado, entonces eran tres metros de monte abajo de los treinta metros de pino, o sea, un fosforito. Hectáreas y hectáreas y hectáreas. Imaginate que lo que tiene esta gente supuestamente para lotear son 350 hectáreas, que no sé si es la totalidad de la forestación, porque me parece que es más la forestación.

“Eran pinares de 20 ó 30 metros de alto, de muchos años, que no se usaban para nada porque eran estas pinificaciones financiadas por el estado, que eran de este pino ponderosa que no sirve ni para madera ni para nada. Y estaba totalmente abandonado, entonces eran tres metros de monte abajo de los treinta metros de pino, o sea, un fosforito”.
Caminos cerrados que impiden el tránsito de vehículos de emergencias, forestaciones sin raleo que multiplican el riesgo de propagación de incendios forestales, ausencia de cortafuegos, son algunas de las caracterizaciones que se desprenden de los relatos presentados en fiscalía por vecinos que, sin embargo, no han obtenido ninguna respuesta de los funcionarios a cargo de la investigación. Quienes sí han obtenido respuestas han sido los dueños de la empresa señalada por los vecinos. Después del paso del fuego han crecido como hongos los medidores de luz que, según la página web del emprendimiento, se corresponden con una moderna red de servicios subterráneos de luz eléctrica y agua potable, instalada apenas un mes después del incendio. También creció una tranquera gigante para volver a cerrar el paso a los vecinos y curiosos. ¿Habrán conseguido el dinero del que no disponían para ralear sus pinares? Llamativamente, y aunque no vivan en Epuyén, los Carbi integran la lista de damnificados a quienes el estado provincial está subsidiando las afectaciones del incendio.
Dos intervenciones del poder ejecutivo municipal y provincial dan cuenta de la capacidad de negociación puesta en juego por la empresa Bosques del Epuyén. Por un lado, cuando una delegación de funcionarios visitó la localidad a pocas semanas del siniestro, la entonces ministra de Producción Laura Mirantes reconoció ante vecinos que estaban gestionando la compra de postes para alambrado a la familia Carbi y su empresa. Por otro lado, pocos días antes de cumplirse dos meses del comienzo del incendio, la secretaria de gobierno local remitía al Concejo Deliberante el expediente a nombre de la empresa Bosques del Epuyén y la “actualización del anteproyecto de fraccionamiento” presentado en el mes de diciembre de 2024, apenas un mes antes del incendio.

Captura de pantalla del sitio web del loteo “Senderos del Epuyén”
Reparar el daño
En la conferencia de prensa que brindó el gobernador de Chubut la mañana del jueves 16 de enero, al día siguiente del desastre, nombró una sola vez la palabra “bosque”. Fue ante la pregunta de una comunicadora local sobre la política a aplicar en relación con las forestaciones abandonadas. El significado asociado a la presencia del bosque fue el riesgo: “Hay que tomar conciencia y dimensionar el riesgo que genera por parte de todos los vecinos. Hay viviendas que están muy cerca del bosque, que son privadas, y tienen la responsabilidad civil de limpiarlas. Muchos no lo hacen, lamentablemente”, respondió el gobernador. No respondió sobre las forestaciones de pinos fuera de control, y tampoco fue capaz de articular alguna idea distinta a de la afectación de la propiedad privada cuando fue consultado por otra colega sobre los impactos en la naturaleza.
En la charla con Azul, en cambio, se van haciendo claros los diferentes niveles de responsabilidad y las alternativas de reparación para con los pobladores y el territorio:
-Más allá de lo de Carbi, que es un caso particular porque aparte se apropió de la tierra con esas maniobras que hacen, en sí la pinificación y encargarse de la erradicación del pino, es una deuda que tiene el estado. En su momento vinieron especialistas del INTA a impulsar eso, te compraban la madera nativa y después te financiaban la plantación de pinos. Y lo hacían desde el lugar de la palabra de la ciencia, desde “el INTA” y su prestigio; después de haber desvalorizado el conocimiento de la gente del lugar viene el científico a decirte lo que tenés que hacer, que era poner pinos. Entonces, es una deuda que tiene el estado. Es una reparación necesaria.
Yo traigo la palabra reparación que lo rescato de otras luchas que llevamos adelante como disidencias, y que se habla de la reparación histórica con las travas que tienen más de 50 años. Porque las personas trans tienen una expectativa de 35 años de vida, entonces, a las que superan esa edad se las considera sobrevivientes y se habla de una reparación histórica monetaria que les puedan bancar un salario mensual que a ellas les alcance para aunque sea cubrirse el techo, que es lo que nunca tuvimos. Entonces en esos mismos términos digo que el Estado debe esta reparación.

-¿Qué forma tendría que tener esa reparación?
-Políticas públicas que garanticen la erradicación del pino. Que no sean exigirle al privado que lo haga. Y acá hay que distinguir. Porque, sí, a las empresas forestales sí; porque es parte de su trabajo empresario hacerse cargo de su forestación. Pero decirle a un vecino que hiciste plantar un montón de pinos “no, ahora los tenés que tirar”… y ese vecino no tiene la posibilidad de hacer eso, es otro más como uno. Porque ahí aparece un discurso que está muy difundido, incluso en gente que se preocupa genuinamente, pero que siempre vuelve a poner el peso sobre el ciudadano común: “lo que se puede hacer para evitar los incendios es limpiar tu lugar, que tu vecino limpie, prevenir y no prender fuego”. Como que se pone ahí el foco. Y yo digo: no, el problema no es que yo tengo mi lugar sucio, el problema es que hay gente que viene y prende fuego, y el problema que hay gente que se beneficia de eso. Entonces, sí, hay que hacerlo: hay que limpiar los lugares, todo, sí. Pero si nos vamos a seguir haciendo los boludos con esto como si no estuviera pasando nada, nos van a seguir prendiendo fuego así tengamos un parquizado.
Hay gente que no va a poder hacer frente al tremendo laburo que es limpiar todo un lugar después de que vinieron a decirte que lo tenías que poner [al pino] y tu abuelo lo puso, y ahora te dicen que lo tenés que sacar y que sino te van a multar… entonces yo por eso insisto con que las políticas públicas deberían ser directamente que [la Secretaría de] Bosques se haga cargo de lo que hizo, como una reparación. ¿Es algo difícil de hacer? Sí, es algo difícil de hacer, la erradicación del pino encima después de un incendio, donde brotan miles de pinitos. Por eso digo que no es nada sencillo, entonces vos no le podés pedir a un vecino común que se encargue de erradicar el pino de media montaña porque ahí tiene la veranada. Por eso yo vuelvo a esto de este discurso tan generalizado de mirar qué hace mi vecino en lugar de mirar el problema real, que es otro: que hay alguien que se beneficia de eso, y que le sirve que eso se prenda fuego.



Las viejas-nuevas formas del despojo
Dice Azul que después de una catástrofe viene siempre una crisis sanitaria, y que en esa crisis se incluyen aspectos de salud mental:
-Sea por el humo que respiraste, por el bajón que te pegaste, o por la sarnilla que venía en la ropa que te donaron, lo importante es hacer consciente que viene una crisis, y que esa crisis es para todos. Todo el pueblo quedó mal, a todo el pueblo se le hizo un agujero así en la economía, quizás menos a los que tienen algún empleo estable en el estado, pero es algo general. Varios estuvieron enfermos, y hubo varios viejitos que vi irse de tristeza también.
En la memoria reciente de Epuyén hay otro evento traumático latiendo en esa percepción que Azul comparte: el brote de hantavirus que se cobró la vida de once personas en el verano 2018-2019. Después de ese brote cobró fuerza un reclamo por la necesidad de un hospital nuevo para el pueblo, que recién durante este año comenzó a materializarse. La desidia de las autoridades sanitarias, la negativa a reconocer la hipótesis del contagio interhumano, la falta de campañas de prevención adecuadas y el desfinanciamiento de la mesa de hantavirus creada por ordenanza a partir del último brote son datos que hablan de abandono. Cuántas muertes pudieron evitarse es una cuenta que nadie quiere hacer, pero es una pregunta que se vincula con esa sensación de abandono que se reactualiza cuando a casi un año del incendio el estado no invirtió ni en un rollo de alambre para acompañar a los productores locales. ¿Cómo se espera que una familia alambre el centenar de hectáreas que ocupa en estos campos arrasados por el fuego? ¿De qué se espera que vivan si no pueden practicar la ganadería en la tierra que heredaron? ¿Conoce el poder del estado de los dolores y tristezas que despierta el simbolismo del alambre en una tierra que hasta hace algunas décadas era comunitaria?
Estas y otras preguntas se despliegan a partir del reconocimiento de la complejidad del problema. Los análisis lineales, los linchamientos mediáticos y judiciales en busca de culpables, las declaraciones a boca de jarro, no reconocen la multicausalidad en este tipo de fenómenos. Sin perjuicio de esa atención a la multiplicidad de causas, es importante tomarse el trabajo de abordar cada arista del fenómeno en su propia complejidad y profundidad.

En esta nota no hemos hablado, por ejemplo, del estado de la red de energía eléctrica en la región, a cargo del estado provincial y responsable de varios focos menores durante lo que va del año –por no hablar de su incidencia en otros incendios de interfase recientes, de magnitud aún mayor que el abordado en esta nota. Tampoco hemos hablado de la crisis hídrica en la zona y específicamente en Epuyén, donde el intendente acaba de salir a decirle a su pueblo que este año tampoco van a tener agua corriente durante el verano.
Pero sí esperamos haber podido mostrar algunas de las caras ocultas de un factor en particular que, como dijimos al comienzo, explica en parte la expansión descontrolada de los incendios de interfase recientes en la región cordillerana: la pinificación como modelo de negocios que se destaca por la puerta giratoria entre el sector público y el privado, y que supone modos de colonización del suelo público a través de formas legalizadas de ocupación privada.
Una de esas zonas oscuras tiene que ver con el accionar de las instituciones estatales en el abordaje de la catástrofe, eso que percibimos en el relato de vecinas y vecinos como una sensación de abandono. Le preguntamos entonces a Azul por esa percepción de abandono, y por su relación con los intereses de los que estuvimos hablando durante la entrevista, y la respuesta nos ayuda a terminar de ordenar el mapa:
-Yo creo que es algo muy claro el castigo financiero por parte del gobierno de la provincia a toda la zona cordillerana por no aceptar los términos que nos quieren imponer, que son: megaminería, despojo y apropiación del territorio.
Detrás del abandono, de las muertes evitables o de la falta de reparación ante los desastres ambientales generados por sus políticas, están los grandes negocios del poder económico. Mientras el estado, por acción u omisión, siga siendo el garante de los negocios del pequeño y el gran empresario, seguiremos teniendo que organizarnos para apagar los fuegos que su codicia enciende.









muy buena nota! creo q tb se habre una punta, si pudiéramos pensar en q mucha de ésa madera de pino es tb un recurso q puede servir para dar laburo y casas para quiénes en el invierno se la rebuscan para juntar algún mango. ésas personas muchas veces son perseguidas x la tala cdo en realidad además de buscarse un mango están haciendo el trabajo de desforestacion de pinos. qué se siga tirando de la soga!!!!!
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