Entre la falta de diálogo, de herramientas y tiempo para vincularnos con los pibes, docentes empujados a estar en la calle en reclamo de salarios dignos y la mano dura como respuesta automática, ¿les escuchamos? “Si nos pudiéramos conocer, nuestros nombres, nuestras caras… si nos conociéramos… sabemos que no somos asesinos”. En esta nota de Sur Arriba reunimos testimonios de estudiantes secundarios de la costa a la cordillera, pibas y pibes de escuelas de Puerto Madryn y Lago Puelo que, más allá de la reflexión sobre lo sucedido, compartimos para documentar su experiencia de vivir en estos tiempos turbulentos.
Escriben: Flavia Núñez y Fabricio Cardelli // Edición: Gioia Claro y Martín Vallejos
La noticia de las amenazas de tiroteos en escuelas por parte de estudiantes se expandió por varias provincias como un virus la mañana del martes 14 de abril, con alarma y angustia por el antecedente reciente en una escuela de Santa Fe con un pibe muerto por una bala disparada por un compañero, dos semanas antes. Chubut no fue la excepción: 27 escuelas entre Madryn, Trelew, Rawson, Gaiman, Esquel, Lago Puelo, Sarmiento y Comodoro denunciaron amenazas y en total fueron registrados más de 35 establecimientos.
Allanamientos a casas de familias de estudiantes, investigación de redes sociales de menores en paralelo; prohibición de ingreso a escuelas con mochilas y, en su lugar, la obligación de llevar bolsas transparentes con sus pertenencias. Algunas de las primeras reacciones frente a la aparición de las amenazas. Se sucedieron charlas informativas sobre la responsabilidad penal de los menores, bajo la amenaza de prisión que supone la entrada en vigencia en septiembre próximo de la ley del Congreso que en febrero fijó la baja de edad de imputabilidad de 16 a 14 años. Se presentaron proyectos que prevén multas millonarias (cinco, seis millones de pesos) para las familias de los estudiantes que protagonizaron los mencionados hechos; o -más “suavizado”- expulsiones o suspensiones para las pibas y los pibes responsables; o recortes de programas sociales para sus familias.
Frente a esa batería de medidas punitivas, cabe preguntarse por el rumbo. ¿Estas acciones previenen futuros hechos? ¿No ahogan cualquier tipo de construcción ciudadana como respuesta a una problemática honda? Las amenazas que dejaron los pibes en los baños escolares ¿se solucionan con advertencias por sus actos? ¿O se los subestima planteando que desconocen las consecuencias? ¿Qué nos quieren decir los pibes con esas pintadas amenazantes? Y esa una suerte de efecto contagio pero a la inversa, la estrategia de mostrar en los videos a pibes y pibas que defienden la escuela como un lugar seguro, ¿funciona? Parece más un intento de tapar eso que emerge como un grito de ayuda y hartazgo… ¿Qué pasa con quienes no se sienten seguros en la escuela, con los que allí sufren el maltrato entre pares (mal llamado bullying)? ¿Y cómo leer lo que acontece en ese entorno paralelo de redes sociales que atraviesa la vida cotidiana de adolescentes y adultos más como imposición tecnocrática antes que como apropiación crítica?
“En mi casa no hablo del tema porque no le interesa a nadie” (*)
La primera respuesta de pibas y pibes consultados sobre su experiencia en estos días con el tema, es que las amenazas fueron por un reto de Tik Tok para no tener clases y para tener popularidad virtual; que nunca se iban a concretar y que el tema ya les “aburrió”. Esa impresión se repite, por lo general, entre estudiantes más avanzados o de último año. Distinto es lo que sintieron los pibes más chicos, los de primer año, muchos de los cuales expresaron nerviosismo y desborde (en palabras suyas, “ataques de pánico”, con frases al estilo “yo no me quiero morir”), sobre todo en los casos de las escuelas que fueron evacuadas por las pintadas y que luego recibieron la visita de policías dentro de la institución casi sin estudiantes. Algunos pedían que aparecieran sus madres o padres para retirarlos.
Al indagar un poco más, al variar las preguntas o mostrar interés sobre lo ocurrido, estos mismos estudiantes profundizan su sentir.
“En mi casa no hablo del tema porque prácticamente no le interesa a nadie. Si bien me parece que fueron amenazas para no tener clases, es grave por lo que había pasado en otra escuela hace poco”, expresó una estudiante de 15 años que asiste a una escuela ubicada en los barrios del noroeste de Puerto Madryn donde no hubo amenazas en los baños aquella semana. Lo mismo dice P.P., misma edad y barrio, misma experiencia en casa: “a mis padres no les interesa aún viendo las amenazas”. Luego, opinó que las amenazas sucedieron en las escuelas “por la popularidad de los tiroteos ocurridos en otros países” y agregó que sentir la desconfianza “de si el otro tiene un arma es grave”.

Los estudiantes consultados para este reportaje también coinciden en algo: la importancia de tener espacios en la escuela donde expresarse sobre estos temas. “Hubo un dispositivo que estuvo bueno: fue que hablamos, hablamos de lo que pasó. Pero no pasó en muchas más escuelas esto”, contó una estudiante de Lago Puelo.
Al circular la palabra, al ser escuchada su voz, al escucharse entre sí aparece la reflexión y se comparte el sentir.
“Yo tenía una opinión cuando empezaron estos problemas: pensaba que sólo era culpa de los jóvenes sin supervisión y llevados por la emoción. Haber debatido el tema en la escuela me ayudó a comprender que el culpable nunca es uno solo. Que no se normalice la idea de que nos parecemos más a los yanquis, da miedo normalizar tener miedo, hasta llegar a un punto en que hagan simulacros de tiroteos. Es horrible. ¿Cómo se pueden evitar estas cosas? Yo no quiero que hasta en las escuelas tengas miedo”, manifestó uno de los pibes que egresa este año.
Otras y otros estudiantes tuvieron en cuenta el clima social que se vive en Chubut por estas semanas, con protestas casi diarias de docentes autoconvocados por salarios miserables. “Por el contexto económico y social en el que estamos viviendo no me sorprenden este tipo de acciones viniendo de los jóvenes: aprendimos a convivir con la violencia. Cada vez está más difícil mantener la educación pública, los maestros no ganan suficiente y hay cada vez más paros. El aprender se les hace insufrible a los adolescentes”, argumentó uno de los pibes consultados. “Me da miedo y siento pena por mi generación, porque al final del día, nosotros somos el futuro”.
Otra estudiante de Madryn (16 años, también por egresar) sumó además el vínculo entre el malestar de los jóvenes con la falta de posibilidades para acceder a tratamientos con profesionales de salud pública, también ajustada. “En contexto de una educación desfinanciada, al igual que la salud mental, desde hace tiempo que los pibes estamos desamparados. Nuestros viejos trabajan 12 horas al día y nosotros ya tenemos que pensar en un laburo. Por eso no me sorprenden estas acciones violentas, planificadas, graves, que hizo este grupo de pibes. La amenaza de tiroteos es algo presente en la calle, en la casa y el aula. Mientras los directivos dan un comunicado de protocolo en el cual los pibes tenemos que usar una bolsa en vez de una mochila y debemos dejar el celular en casa, los docentes autoconvocados están acampando, marchando, reclamando por sus salarios. Cada día se nota más el descontento que hay, el miedo y la falta de respuestas por parte del ministerio y del gobernador Torres, que tampoco se hizo cargo de las amenazas. Las escuelas están que se caen, los directivos sin respuestas, los docentes reclamando por su sueldo. Y los pibes somos culpables por todo, como si no fuéramos síntoma sino la culpa”.

Quienes participan de ámbitos de organización estudiantil el mismo día en que acontecieron las amenazas buscaron dialogar sobre la problemática. Convocaron a una reunión virtual donde estuvieron presentes más de 100 estudiantes de todo el país, quienes asumieron una actitud responsable y autogestiva. “Nos reunimos para tratar de ver cómo podíamos abordar la situación, contenernos de manera mutua y organizarnos para saber cómo íbamos a actuar debido a que somos ese espacio de contención para los demás. Y si nosotros no lo hacemos ¿quién más va a venir a hacerlo?”, destacó S., y fundamentó: “en mi caso tuve la oportunidad de hablar con docentes, estudiantes y directivos. Si bien no lo viví porque ocurrió durante el transcurso de la tarde y yo curso por la mañana sí tuve que estar abordando la situación, ayudando tanto a directores como al alumnado. Tuvimos que tener un accionar de inmediato ya que muchas veces tratamos de ser ese espacio de contención para los demás”.
F. va a una escuela céntrica de Madryn. Refirió que en el afán de encontrar respuestas y comprender mejor lo que estaba aconteciendo pudieron “hablar con diversa gente: con una fiscal, en asambleas durante las marchas docentes, con los profesores, con nuestros padres. Pienso que la comunidad nos ayudó bastante”.
Al profundizar acerca de las posibles causas del por qué la escuela fue el lugar elegido donde replicar los retos de las redes sociales, contó que cree que fue para generar un impacto social: “porque primero somos menores de edad por lo que creo que hacerlo en la escuela tuvo más impacto en la sociedad, y segundo porque como bien dicen supuestamente los estudiantes somos el futuro: si el futuro piensa en esto va a tener muchísimo más impacto a que si lo pensaran las personas mayores”.
Otra estudiante consultada sostuvo que “no se puede ignorar el papel de las redes sociales ya que contribuyeron a que estas amenazas se difundieran rápidamente, no solo a nivel local sino en todo el país”.
“Siento que lo vimos reflejado principalmente en las escuelas ya sea secundarias o primarias porque es el ámbito donde uno convive casi todos los días y donde más cerca podemos ver la situación particular de cada estudiante cuando no la está pasando bien”, reparó uno de los chicos.
“Aulas vacías por políticas vacías”
El primer reflejo social tras las amenazas fue apuntar a la escuela. Escuelas que están desbordadas, con graves problemas edilicios y docentes con salarios de pobreza -literal: Chubut está en el puesto 21 de 23 provincias con peores salarios. “Aulas vacías por políticas vacías”, se leía en un cartel en la marcha de antorchas de docentes autoconvocados del 29 de abril, una movida que lleva más de un mes activa y crece a la par que brotan otros malestares. La escuela es a su vez una de las pocas instituciones que todavía aloja a los pibes, expulsados de casi todos los demás espacios de la sociedad, por acción u omisión.
Actividades extraescolares que se cortan por falta de dinero, sistema de salud colapsado para atender las demandas de salud mental de los jóvenes, familias ausentes por tener tres trabajos para llegar a fin de mes, o por desinterés. Guste o no, pibas y pibes que lanzaron aquellas amenazas lo hicieron en los baños de las escuelas, lo que las ubica como el lugar de expresión elegido. En al menos ocho escuelas de Madryn (la localidad con más casos en Chubut) se registraron amenazas de tiroteos en los baños o advertencias en redes sociales: 775, 789, 790, 750, 728, 745, 2701 y también en una privada: la escuela de la Costa (1728). Por su cercanía con la 790 -comparten edificios- la primaria 193 y el jardín 462 también fueron evacuados y no tuvieron clases al día siguiente. Seis escuelas en Trelew, cuatro en Rawson, una en Gaiman, dos en Sarmiento, dos en Comodoro, una en Esquel, dos en Lago Puelo: 27 casos judicializados en los que interviene el ministerio público fiscal por “intimidación” y más de 35 agregamos las instituciones que activaron protocolo preventivo, sumando entonces localidades de 28 de Julio, El Maitén, Cholila y Rada Tilly. ¿Qué podemos leer detrás de estos números?
¿Se tomó alguna medida para fortalecer entonces las escuelas como lugar de contención de pibas y pibes? Haberles ofrecido de aumento primero 1%, luego 2% -menos de cinco mil pesos de bolsillo- y por último, 7% a los docentes que reclaman por un salario digno parece ser una muestra de una estrategia más dilatoria que resolutoria del conflicto por parte del gobierno. Un conflicto que tiene a los docentes autoconvocados en las calles hace semanas, que tiene la fuerza de un reclamo bien de las bases y que está plantado en conseguir mejoras económicas reales a la vez que mete presión a los gremios que negocian en paritarias con el gobierno de Torres para que no acepten migajas. ¿Puede un docente atender las demandas de los estudiantes si cobra salarios que representan 45% de la canasta básica en Patagonia y tiene tres trabajos para no llegar a fin de mes?
La situación actual de conflicto tiene semejanza con el escenario de Chubut en 2017, 2018 y 2019, donde el gobierno de Arcioni pagaba tarde y mal a estatales y reprimía las masivas movilizaciones docentes, que acamparon en el ministerio durante semanas y pararon las escuelas y la provincia. En aquella vuelta, durante 2019, estudiantes de Madryn, Trelew, Comodoro, Epuyén, Esquel y Lago Puelo ocuparon pacíficamente escuelas y sedes de supervisión por no tener clases. Un hito que no tenía precedentes en la provincia, inspirado en las tomas porteñas. En las elecciones para el siguiente período al frente del ejecutivo, el actual gobernador Torres había utilizado la educación como caballito de campaña, pero tras ganar no paga salarios que empatan a la inflación como prometió. La crisis educativa en Chubut se extiende así por casi una década.
Estudiantes marcan la cancha: “Se ve un claro abandono en los adolescentes de todo el país”
Para algunos pibes el mayor responsable es el Estado. “Desde mi punto de vista, la mayor responsabilidad recae en el Estado ya que no está asegurando los espacios de acompañamiento necesarios”, advirtió una estudiante; otro agregó: “Se ve un claro abandono en los adolescentes de todo el país, no solo hablo del desfinanciamiento de la educación sino también en cómo se minimiza la problemática de la salud mental. Y también viendo cómo el actual presidente no pretende salir a hablar de lo que está ocurriendo y su única imagen es una motosierra hace que toda esta situación sea más normalizada”.
Para otros la responsabilidad también recae en los adultos con los que se vinculan.
F. replanteó el rol de los adultos. Piensa que “la responsabilidad la tienen los padres y el Estado”. “El Estado debiera aportar más seguridad a los menores de edad y también más ayuda psicológica. Los padres deberían aportar como familias y decirles qué cosas están bien y qué cosas están mal”, dijo.
A. fue en la misma dirección de interpelar a los adultos en su rol: “Siento que hay algo muy general de una postura (no sé si de todos los adultes pero de les profes por lo menos, y de adultes de la escuela), que es como correrse del lugar de que son adultes y nosotres no. Como que se corren a sí mismos creyéndose que no son adultocentristas, en lugar de decir: ‘che no, eso no se hace’”.
Sin embargo, la escuela sigue siendo un lugar valorado en el que las y los adolescentes depositan expectativas, más allá de las representaciones que ocurren y se magnifican en las redes sociales.
“La escuela significa una casa para los adolescentes por los problemas que hay a nivel provincia y a nivel nación; muchos chicos no tienen ni siquiera para comer”, señaló F., al tiempo que expresó un anhelo para esos espacios: “yo creo que la escuela debería ser un lugar más abierto al debate, porque hay bastantes problemáticas que no se hablan y creo que se necesitaría que se hablen en las escuelas; también se espera que en los vínculos los profesores sean más amables y que la familia esté integrada en la comunidad estudiantil”.
S. reconoció a la escuela como “un lugar donde no solo nos formamos a nivel académico, sino que también es el lugar donde construimos nuestro vínculos y nuestra identidad, y que en algún momento la consideramos nuestro segundo hogar y ese espacio de contención que tanto nos falta hoy en día”. “Nosotros queremos que la escuela vuelva a ser ese segundo hogar, que no sea solo un lugar donde vemos constantemente reflejado el dolor, el enojo y la angustia que hay en los pibes y pibas; que sea un lugar de apoyo, contención y sobre todo un lugar que saque a los pibes de la calle”, dijo. “Que deje de ser un lugar donde predominen el malestar y la angustia, y pase a ser un espacio de apoyo, contención y oportunidades que nos alejen de situaciones negativas”, reforzó L.
¿Cómo ayudarles y comprenderles sin antes escuchar sus necesidades, deseos, intereses e interpelaciones?

“El mundo que buscamos estudiantes y adolescentes es uno donde se pueda ser más amigable, más abierto. Donde puedas hablar de tus cosas sin ser juzgado. Para eso se podrían promover más espacios de estudio y también más espacios para poder hablar de lo que le gusta a los estudiantes, como los clubes”, propuso uno de los estudiantes.
Entre los aspectos que les preocupan y convocan, S. enumeró: “nos interesan cosas que antes eran básicas, como la salud mental, la ESI, nuestros derechos y la posibilidad de que se generen espacios de participación y nuestras voces sean escuchadas para poder contar qué es lo que nos atraviesa hoy a la nueva generación del país, donde también nos hagan sentir que lo que nosotros opinamos es importante. Hoy más que nunca se necesitan vínculos donde el respeto sea mutuo, esos vínculos donde nos podamos expresar y sentirnos acompañados sin importar el qué dirán los demás, o qué pensarán”.
La adolescencia supone cuestionar un orden establecido y el testimonio de S. no es la excepción: “Nosotros hoy creemos que es fundamental pensar qué tipo de país queremos. Un país donde no haya un Estado ausente, donde las juventudes seamos parte del proyecto del Estado y no hagan la vista para otro lado, donde se nos escuche y se nos garanticen los derechos sin que nos desvalorice por ser adolescentes. Donde se nos contenga, donde podamos pensar en qué es lo que queremos hacer y no lo que debemos; un país donde no tengamos que ver cómo nuestros amigos dejan la escuela para ir a laburar porque en casa no llegan a fin de mes; un país donde no haya una brecha digital cada vez creciendo más; un país donde haya una mirada más colectiva y no tan individualista”.
Para ello “resulta clave promover más espacios de diálogo entre estudiantes que fortalezcan la convivencia y el acompañamiento en salud mental. También es necesario reconocer y potenciar el rol de los centros de estudiantes como herramientas reales de organización, contención y participación”, enfatizó una de las chicas. “Porque donde el Estado no está nosotros nos vamos a organizar para poder estar”, concluyó S.
Uno de los testimonios enfatizó en la organización comunitaria como salida: “Pensaba en que si nos conociéramos bien, yo no conozco a todas las personas que van a la escuela y mucho menos a las de otras escuelas, pero si pudiéramos ir rotando de compañeres, tener talleres de todas las escuelas, si nos pudiéramos conocer nuestros nombres y nuestras caras sabríamos que nadie va a agarrar un tiroteo y va a empezar a matar a gente, porque nos conocemos; si nos conociéramos sabemos que no somos asesinos. Yo estoy segura que en mi escuela ningún estudiante es asesino”.
En una de las marchas de antorchas, en Madryn, una estudiante que participó con carteles contó que en su escuela había muchos chicos que la habían dejado, que no asistían más, que salían a trabajar. “Eso se veía en las ciudades grandes, ahora se ve acá también”. Tampoco se veían acá situaciones como las amenazas de tiroteos en las escuelas.
Como pudieron, como les salió, pibas y pibes pusieron el tema en el centro y nos compartieron sus sentires. Ahora, ¿qué vamos a hacer con ello? ¿Seguimos haciendo como que no están, como que no pasa nada? ¿O vamos a levantar la cabeza y ver lo que nos ponen frente a los ojos?
(*) Los fragmentos textuales de los testimonios de estudiantes menores de edad no están acompañados de sus nombres para proteger su identidad.







Gracias por escuchar a estudiantes y docentes. La escuela es el reflejo de la sociedad. Sigamos trabajando para que el desamparo no nos separe y reflexionando juntxs. Somos el pueblo y podemos encontrar la salida