Edición: Gerardo Ghioldi, Archivos del Sur – Biblioteca Osvaldo Bayer
Foto de portada: Archivos del Sur
Buenas tardes a todas, a todos. En primer lugar, quiero realmente agradecer a Noelia, a Lucas y a toda la comunidad que con tanta generosidad nos abre las puertas. Nosotros somos los agradecidos.
Yo me siento muy nervioso, un poco incómodo, quiero decir, porque yo soy un compañero de ustedes de lucha y simplemente soy alguien que aprende de nuestras posibilidades de apoyo, desde nuestros lugares, a estas luchas que tienen para nosotros un valor político fundamental, sobre todo en este tiempo. Entonces somos nosotros los que venimos a conversar, a dialogar, que significa en primer término aprender a escuchar y a estar abierto a la diversidad de sentipensares. No venimos a hacer un discurso; mucho menos desde un lugar de ‘superioridad’; venimos a convesar. Y por eso, tenemos mucho que agradecer.
Y nuestra palabra hoy, quiere poner en común una conversación sobre temas que me parece que son muy importantes para la especie humana, desde que se ha constituido como tal. Estamos afrontando el desafío más grave que tenemos como especie. Entonces la idea es simplemente conversar sobre eso.
Venimos, desde esta experiencia, con la diplomatura de Ecología Política del Sur, con un grupo de compañeras y compañeros desde la universidad pública con una serie de preocupaciones que cada una de ustedes que ha venido desde distintos territorios, con inquietudes que están también vinculadas por el sufrimiento que produce el violentamiento de la tierra. Si hay algo que ha hecho rico el espacio de la diplomatura es que no hay un interés cognoscitivo de la gente que ha integrado el grupo de esta diplomatura para usar el conocimiento como un medio de prestigio o como un recurso instrumental para encontrar una mejor posición laboral, etc.
No, esta diplomatura tiene un valor sumamente importante porque cada una de ustedes que participaron de esta primera cohorte, y ojalá esperemos que haya más cohortes, nace de una inquietud existencial que tiene que ver con estar sufriendo el dolor del mundo. La tierra herida, la tierra como una gran comunidad de vida terrestre, lacerada, violentada, y donde los niveles de injusticia y de violencia ya no se pueden soportar más. Entonces es eso, nosotros hemos ocupado la universidad para hacer de estos espacios de lucha un espacio privilegiado para construir conocimiento.
Entonces, aunque es la primera vez que estamos formalmente en un territorio de lucha, ese territorio de lucha nosotros lo hemos llevado a esa aula que estaba ahí, porque cada una de ustedes que estaba en esa aula y la gente que formó parte y que nunca pudo venir pero que se moría de ganas de venir y que ha estado simplemente participando en forma virtual, también estaba vinculada desde un lugar del dolor, de sentir el sufrimiento de la madre tierra lastimada por la violencia, la violencia conquistual. Entonces, sí, hoy es la primera vez que efectivamente, materialmente, concretamente estamos en este espacio de lucha. Pero las luchas por la recuperación de la tierra y del territorio son el núcleo central de esta diplomatura que llamamos de ecología política.

Y se da en un momento que es clave para la lucha de este lof, para este proceso de recuperación del territorio, y también se da en un momento importante de la diplomatura, porque nosotros estamos terminando de ver el diagnóstico sobre esta tierra enferma. Y lo que nos queda es ver qué alternativas tenemos para ver qué y cómo podemos proceder ante esta tierra en crisis. Entonces, yo creo que este es el momento donde se está inaugurando la visualización y el análisis de las alternativas, de las alternativas de futuro.
Postergando el fin del mundo
Por eso pusimos como título de esta conversación esto de recuperar el territorio es reparar la tierra. La recuperación territorial es una pista de futuro.
Pero esa es una pista de futuro de ancestralidad. Y nos lleva a la raíz del problema, a la raíz de esta crisis civilizatoria y de esta civilización que se ha pretendido única, superior, universal y que ha producido un proceso ecogenocida de mundialización, de uniformización, de destrucción de otras agriculturas para poner e imponerse como si fuera el único modo de vida. Y encima un modo de vida que tiene un problema de raíz, de origen.
Yo quería compartirles esto a partir de lo que aprendo de estas historias de lucha. Y entonces hay una cosa que me parece que hace común esta historia con nuestras preocupaciones, con lo que yo he ido aprendiendo y escuchando de grandes maestros. Uno de ellos es Ailton Krenak.
Algunos ya que me han escuchado hablar ya saben que he aprendido mucho de él. Ailton Krenak era un jovencito en el año 1988 cuando se hace la Asamblea Constituyente de Brasil. Es del pueblo Krenak, que es del interior del Estado colonial de Minas Gerais, del país colonial de Brasil, que también nació del genocidio y el aplastamiento de esas culturas.
Y ellos, él, en ese momento de la Asamblea Constitucional, se levanta y va con todos los pueblos a reclamar el derecho al territorio de los pueblos indígenas. Que el Estado colonial de Brasil reconozca el derecho territorial de esos pueblos. Entonces yo los invito a que vean ahí, hay fragmentos en YouTube, creo que en la diplomatura hemos compartido ese discurso inicial que es muy importante.
Pero él ha escrito ahora un libro que publicó en el año 2019 que se llama: “Ideas para adiar o fim do mundo”, que significa algo así como postergar el fin del mundo. Y él dice, el problema que tenemos es que las corporaciones y el Estado han ido cada vez más desplazando a la gente de las tierras. Y han ido acaparando las tierras.
Los únicos que casi como cabeza dura no quieren entrar en la razón de la civilización y que quedan apegados a la tierra son los pueblos indígenas, quilombos y comunidades campesinas que se sienten y viven como si fueran cachorros prendidos a la teta de la madre tierra. Y usa esa expresión, están prendidos, no quieren separarse de la teta, son como cachorros. Y la civilización los trata como primitivos, como bárbaros, como que reniegan del progreso, de la vida civilizada, que está siempre en las ciudades y eso.
Y ese es el problema, dice. Y eso me recuerda mucho lo que nos dice Marcos Pastrana, es un gran maestro nuestro. Él es del Consejo de Ancianos de la comunidad de Diaguita Calchaquí, de Tafí del Valle, que son los valles calchaquíes de donde yo vengo.
Entre otras cosas también quiero decir que Catamarca es un nombre indígena. Lo mismo que Neuquén, somos pocas provincias que tienen nombre indígena. Dentro de este estado colonial.
Marcos Pastrana, él dice que el problema radical, el problema político radical que tenemos como país, pero también en este momento del mundo, es que se ha quitado el territorio a los pueblos. Y los gobernantes han entregado el territorio a las corporaciones. Son hoy las corporaciones las que controlan el territorio, dice Marcos Pastrana.
Y entonces dice, es hora de devolver los territorios a los pueblos. Esa es la cuestión. Fíjense la misma sintonía del pensamiento entre Marcos Pastrana y Ailton Krenak.
Yo creo que el problema es realmente ese. ¿Cómo hacer el proceso de restitución de los territorios a los pueblos? Porque de lo que se trata es que territorio y pueblo son dos emergencias que se producen conjuntamente. ¿Qué queda de un pueblo cuando se le quita el territorio? Usurpar y quitar el territorio, desalojar y despojar el territorio es desintegrar un pueblo.
Entonces, eso es una violencia que requiere hoy ser pensada y ver qué significa recuperar el territorio, cuando lo que también ha sido violentado es esa misma base material donde se asienta un pueblo. La violencia de la usurpación territorial es lo que está en la raíz de la crisis civilizatoria de Occidente. Nos revela cuándo y cómo empezó esto. Ailton Krenak dice, empezó la invasión hace 500 años, pero aún ahora nos están invadiendo.
La conquista empezó en 1492, pero esa conquista nunca ha terminado. Vienen oleadas de conquistadores y vienen oleadas de despojo. Aún ahora estamos siendo presas de la violencia conquistual.
La conquista es un presente continuo, es un continuo proceso de conquista. Y entonces, eso me parece que pone en la raíz de la cuestión el problema de Occidente, que hace de Occidente una civilización fallida.

La propiedad privada y la legalización de la violencia: la tierra como botín de guerra
En la raíz de la crisis civilizatoria, planteamos que Occidente ha dado una respuesta radicalmente errada sobre las cuestiones fundamentales que dan fundamento a la existencia humana. Esto es, ¿Qué es lo que nos da derecho a la tierra? ¿Cuánta tierra necesita un ser humano? ¿Cuánta tierra necesita una comunidad? ¿Para qué queremos la tierra? ¿Cómo usamos la tierra? Empecemos por ahí. ¿Cómo ha contestado Occidente a estas preguntas?
Lo que tenemos de origen, es el proceso de imposición de la propiedad privada.
La institución de la propiedad privada es un proceso de naturalización y legalización de la violencia.
La tierra siempre ha sido un bien común. El derecho a la tierra de un “dueño”, que se dice “dueño de la tierra”, es un proceso de violencia. De violencia, de despojo, de desplazamiento y de concentración de esa tierra.
Ese proceso de violencia ha creado un Estado que ha sido el que ha producido la concentración de los medios de violencia y esos medios de violencia han sido usados para despojar a quienes vivían de la tierra, de esas tierras como medio de vida. La propiedad destruye el carácter comunitario de la vida en común y el acceso a todos a la tierra. Legaliza la violencia.
Y una vez que se legalizó la violencia, lo único que da derecho a la tierra es el dinero. Uno se hace dueño comprando la tierra. Eso es el peor sacrilegio político que puede haber porque se ha cambiado completamente el sentido de la tierra.
La tierra que no era un bien de mercado pasa a ser justamente un botín de guerra y después un valor de mercado. El dinero es el que regula el acceso a la tierra y lo que da derecho a la tierra. No hay otra cosa.
Claro que los que tienen dinero y los que tienen acceso al poder del Estado pueden seguir despojando aún sin dinero. Y entonces la forma de uso de la tierra es pensar la tierra como una inversión que se usa la tierra para ganar más dinero. Compro la tierra con dinero y uso la tierra para ganar más dinero.
Esa inversión no es una inversión financiera. Es una inversión ontológica. Es decir, poner patas para arriba, como decía Eduardo Galeano, el sentido del mundo y el sentido de la existencia.
Son hoy las corporaciones las que controlan el territorio, dice Marcos Pastrana. Y entonces, dice, es hora de devolver los territorios a los pueblos.
El territorio y la habitabilidad
¿Por qué poner patas para arriba el sentido de la existencia?
Porque es no entender en absoluto qué es la tierra y cuál es la naturaleza del vínculo que tenemos nosotros con la tierra y cómo deberíamos vincularnos con la tierra.
¿Qué tipo de vínculo deberíamos tener con la tierra?
Pienso que la territorialidad es la categoría clave que están trayendo estas luchas como un vector central para el análisis de los procesos históricos y políticos. La territorialidad, ¿qué sería? Es un requisito de vida de todas las especies vivas.
Todos los seres vivos necesitan un territorio, es decir, un hábitat. Y, por tanto, en el proceso de vivir, producen su propio territorio. El territorio es el producto de un proceso de creación y de gestación de las condiciones de posibilidad de la vida misma. Eso es la territorialidad.
Es una habilidad, una capacidad, un proceso y un derecho a producir las condiciones que van a sostener la vida. Van a producir una transformación del espacio geográfico para readecuar ese espacio geográfico como un entorno de vida apropiado, apto para sostener la vida de sus habitantes. Territorialidad es el proceso de creación y transformación de una cierta geografía como un espacio vivo, un espacio habitado y habitable. La habitabilidad no es un atributo natural que está dado.
La habitabilidad es una construcción geohistórica, geosocial. La habitabilidad se construye. Uno viene a un territorio y empieza a establecer un vínculo, es decir, ¿de dónde vamos a sacar agua? ¿Cómo vamos a poner nuestra casa? ¿A dónde vamos a ir localizando todas nuestras actividades y prácticas productivas? ¿Cómo vamos a organizar espacial y socialmente la producción de bienes para satisfacer nuestras necesidades vitales? Todo eso, no está “dado”; se va construyendo, produciendo una adaptación territorial, ecológica, recíproca entre todos los habitantes, humanos y no humanos.
Todos los seres vivos construyen la habitabilidad. Eso es la territorialidad, la capacidad, la aptitud de producir su propio territorio como espacio de vida. Y es importante pensar que esa habitabilidad es una producción de una comunidad biótica, no es una producción individual.
Ningún individuo produce “su” territorio por sí mismo, porque la vida es un proceso comunitario, no es una cuestión de individuos. La vida es una emergencia y una ocurrencia colectiva comunitaria. Requiere diversidad.
Requiere diversidad no sólo de capacidades entre individuos de la misma especie, sino requiere múltiples especies. Una comunidad biótica es una comunidad siempre multiespecífica. Necesitamos de las aguas, necesitamos de las gallinas, necesitamos de las aves, necesitamos de los polinizadores, de las plantas, del suelo, de los microorganismos del suelo.
Todo eso necesitamos para producir territorialidad, habitabilidad.
El territorio es lo que va emergiendo, es lo que se va constituyendo. Pero fíjense, a medida que se va constituyendo el territorio como el espacio de vida de una comunidad, se va constituyendo la comunidad como el sujeto histórico-político que construyó ese territorio.
Entonces, ahí está ese vínculo, que es un vínculo histórico, sagrado, inseparablemente económico, político, cultural, que tiene que ver con los flujos materiales y espirituales que ligan a un pueblo con su territorio. Hay un proceso, por tanto, de identificación, de identidad, de reconocimiento mutuo y de pertenencia entre territorio y comunidad-biótica-pueblo que lo ha construido y se ha constituido como tal en dicha relación. Lo que da derecho al territorio es toda una historia de habitar ese territorio, de hacer de ese territorio un espacio de vida, de crearlo como el suelo donde surge la vida de un pueblo, donde surgen los alimentos que van a alimentar los cuerpos de un pueblo, de los vivientes de hoy, de los hijos, de los nietos, y de todas las nuevas generaciones que van a surgir de ese territorio.
La rentabilidad de la Tierra
Entonces, estamos hablando, por tanto, de pertenencia y no de propiedad. No quiero extenderme más, pero básicamente es esto lo que quiero decir. Occidente ha creado, a partir de la violencia, el régimen de propiedad privada, y ha instaurado un vínculo sacrílego, herético con la tierra que hace del dinero el medio de acceso y lo que da derecho a la tierra.
No solamente hace del dinero lo que da derecho a la tierra, sino que instituye el criterio de rentabilidad como el único criterio racional de cómo hay que usar “bien” la tierra. Para este sistema, usar bien la tierra es sacarle la máxima rentabilidad posible. Y sacarle la máxima rentabilidad posible coincide con sacarle y despojarle la diversidad, despojar a todos aquellos otros que no tienen la misma lógica de rentabilidad y de uso de explotación extractivista de ese suelo.
Entonces, sacarle la máxima rentabilidad es sacarle la habitabilidad, la capacidad de sostener y de vida y de criar vida. La rentabilidad es lo que se contrapone a la habitabilidad. La propiedad es lo que destituye el principio de pertenencia.
No somos dueños de la tierra, nosotros somos hijos de la tierra
Pero eso no es en un sentido metafórico, es en un sentido estrictamente material, histórico, geográfico, ontológico. Somos hijas e hijos de la tierra. La especie humana es la última emergencia de una multiplicidad de especies que fueron surgiendo a lo largo de 4.500 millones de años.
Desconocer que la tierra es nuestra madre es también abrir la puerta para desconocernos como hermanos. No solamente hermanos en términos de que somos de la misma especie, sino hermanos de las otras especies que son las especies compañeras que hacen posible nuestra posibilidad de vida. Porque la vida no es un fenómeno ni siquiera individual, ni siquiera de cada especie.
No hay ninguna especie que pueda vivir por sí misma. La vida es un proceso transespecífico y multiespecífico. La vida se trata de componer, construir relaciones de reciprocidad, de mutualidad, de cooperación, de complementariedad entre minerales, suelos, aguas, vegetales, animales, pájaros, insectos, humanos de distintos tipos.
Es componer esa diversidad y generar circuitos energéticos por los cuales circule la energía vital que sostiene la vida.

La crianza de territorios
Producir territorio es criar territorio, es criar relaciones de respeto, de ayuda mutua, de cooperación. Tiene que ver con la crianza. Allá en la cultura nuestra donde yo vengo es “wiwuaña”.
“Wiwuaña” es una palabra quechua que significa criar. Ellos dicen los hombres no crían las aguas. No, la crianza es una tarea recíproca: las aguas crían a los humanos, los humanos crían las aguas, los humanos criamos los suelos, los suelos crían las llamas.
La crianza es una responsabilidad colectiva y esa es una idea muy valiosa. Es algo que se hace con amor, es un vínculo de afectividad. No es solamente afectivo porque ese es un afecto que tiene que ver con la conciencia de que la materialidad de vida depende de lo que yo pueda tomar de la tierra, de los frutos de la tierra.
Los frutos de la tierra son los que son los que me van a alimentar y los que van a sostenerme. Entonces es un vínculo inseparablemente, material y espiritual porque esa materialidad que me sostiene no es lo que me va a dar dinero, sino, es lo que me va a dar vida, energía vital, capacidad de poder hacer y producir cosas que me hagan sentir a mí orgulloso miembro de una comunidad de vida, donde yo obtenga el reconocimiento de mis hermanas y de mis hermanos por el valor de mi obra.
No hay ninguna especie que pueda vivir por sí misma. La vida es un proceso transespecífico y multiespecífico. La vida se trata de componer, construir relaciones de reciprocidad, de mutualidad, de cooperación, de complementariedad.
HORACIO MACHADO ARÁOZ
Comunidades fuertes que otorgan derechos
Nosotros antes de venir por acá, hoy en la mañana cuando veníamos, porque anoche en la conversación con Darío Aranda se nos acercó la lonko Kintrikeo, Manky Kintrikeo, y ella nos dijo “bueno no vamos a poder ir hoy, quisiéramos estar”, nos dijo eso, nos dijo “lleven nuestra palabra de apoyo”, que bueno que no hace falta que nosotros traigamos porque están acá ayudando y apoyando eso.
“Si quieren hagan el favor de pasar por ahí un ratito” y pasamos hoy con Alejandro y ella nos contó un poquito la historia de ese proceso de recuperación territorial, arduo, duro, complejo, desafiante, pero ella decía “después de muchas crisis hemos podido superar los problemas que teníamos como comunidad y construir una comunidad fuerte”.
“Ahora somos una comunidad fuerte” y yo pensaba qué fuerte eso, porque en definitiva Manky nos estaba diciendo esto, qué es lo que asegura el proceso de recuperación territorial. No va a ser el reconocimiento del Estado, no va a ser una sentencia del juez, aunque todo eso sea una lucha instrumental, lo que hace que se respete el derecho territorial es una comunidad fuerte y unida con conciencia histórica y geopolítica que está dispuesta a defender su derecho a su territorio, que su territorio es su identidad.

Ella lo tenía claro, “nosotros somos una comunidad fuerte, nadie nos va a sacar de acá, tengamos o no tengamos papel”. Yo creo que Manky y acá las hermanas y los hermanos de este Lof Melo, lo que nos están enseñando es algo que es muy fuerte, que tiene que ver con el corazón de lo que llamaríamos la ecología política.
Para la especie humana la comunidad es un requisito ecológico, pero es un desafío político.
La comunidad es un requisito ecológico porque sin comunidad no hay vida, tenemos que aprender a construir una comunidad para poder sostener la vida, pero bueno vivir en comunidad no nos sale automáticamente, es un desafío político en ese sentido, es un aprendizaje, es una lucha, sobre todo más nosotros, digo nosotros, estoy hablando de mí, que estamos con una subjetividad intoxicada y contaminada de tanta violencia conquistual, que hemos naturalizado esta lógica individualista, competitiva, patriarcal, que pensamos la vida como una competencia y una lucha por reconocimiento, por prestigio, por poder, por privilegios.
La toxicidad de las corporaciones y el estado
Cuando hablamos de prestigio, de poder, de privilegio, estamos hablando de toda la toxicidad que destruye una comunidad, estamos produciendo, estamos hablando de aquello que desmonta la comunidad y por eso cuando viene el estado y cuando vienen las corporaciones a querer dividir las comunidades, lo que ofrece es eso, sobornos, posiciones de poder que son para algunos y por eso esto es algo privilegiado, las corporaciones son expertas en eso, en todos lados, en todas comunidades que hemos visto que afrontan un proyecto extractivista, ya sea un proceso minero, como son los que más conozco, o una empresa petrolera, o un proyecto inmobiliario que quiere despojar, va a ver, escucha y dice, a ver quiénes son los más vivos, generalmente hombres y eso no es por acaso, es por la lógica patriarcal, no dice, ah bueno voy a hablar con éste que parece y lo voy a sobornar a éste, voy a producir divisiones en la comunidad, entonces esa lógica destruye la comunidad.
Ahora como dijimos, la comunidad no es algo que es naturalmente bueno, hay que saber construir una comunidad y hay que construir una comunidad igualitaria, sana, una comunidad democrática, de eso nos hablaba Manky también, “nos hemos hecho fuertes porque ante los desafíos, ante la amenaza, nos reuníamos cada quince días en trabun, sabíamos que estábamos a veces agotados, pero necesitábamos hacer esos trabunes, porque yo soy lonko pero no puedo decidir, la decisión es colectiva, yo tengo que responder a la decisión de la comunidad”, eso es un aprendizaje.

Postergando la destrucción del mundo: entre reformas y revoluciones agrarias
Entonces lo que nos están enseñando estas comunidades, de qué va el proceso de cómo postergar el fin del mundo, diría Ailton Krenak, postergar el fin del mundo es recrear la comunidad.
Recrear la comunidad es una condición para el objetivo de recuperar el territorio, recuperar el territorio es distinto de la idea de reforma agraria que se hablaba de los ‘60, ayer Darío Aranda hablaba de la idea de una revolución agraria, yo creo que algo tenemos que aprender de esas luchas, la idea de reforma agraria fue la consigna básica de los procesos de lucha anticapitalista en América Latina en la década del ‘50, del ‘60 y del ‘70, no por casualidad en los ‘70 se empieza a apagar el concepto de reforma agraria, se apagó a sangre y fuego, ya sabemos las dictaduras, las dictaduras corporativo militares, yo no sé si está bien decir cívico militares, no es de la sociedad civil, fue de una oligarquía de empresas, de dueños y de los militares que produjeron eso y que apagaron el concepto de reforma agraria, pero ese concepto de reforma agraria estaba diciendo una cosa: no puede haber democracia cuando muy pocos tienen y concentran la propiedad de la tierra. Como condición para ser un país soberano justo e independiente, tenemos que redistribuir la propiedad de la tierra. Eso es lo que se decía y ese era el concepto de reforma agraria, tenemos que redistribuir la propiedad de la tierra; no puede haber concentración de la tierra en pocas manos, porque ahí no hay democracia posible, no hay sociedad y mucho menos comunidad.
La Tierra para quien la ama
Ahora el tema creo que lo que hoy tenemos que aprender es que una reforma agraria, una revolución agraria en este proceso de recuperación territorial, no puede significar sólo redistribución de la propiedad de la tierra, sino que tiene que ver con cambiar completamente el sentido del vínculo con la tierra. Tenemos que recrear procesos de pertenecimiento a la tierra, procesos de pertenencia: la tierra es y debería ser de quien la trabaja; la tierra es y debería ser de quien la cuida; la tierra es y debería ser de quien la ama; la tierra sólo puede ser ocupada legítimamente por quien tiene la conciencia de que esa es la base de nuestra comunidad de vida. Esto significa que la propiedad tiene que ser erradicada como forma de vínculo entre el humano y la tierra.
A mí me impresiona mucho un fragmento que escribió José Carlos Mariategui en su libro más conocido, Siete ensayos sobre la economía peruana, y él cuando habla de la cuestión del indio, dice: el problema del indio aborda la cuestión del racismo colonial de los conquistadores, y dice el problema del indio es que ha sido despojado de la tierra, y el indio sin la tierra no es nada. Mariátegui dice: “En una raza de costumbre y alma agrarias, como la raza indígena, el despojo de la tierra ha constituido la causa de su disolución material y moral. La tierra siempre ha sido toda la alegría del indio. El indio ha desposado a la tierra. Siente que la vida viene de la tierra y vuelve a la tierra. Por ende, el indio puede ser indiferente a todo, menos a la posesión de la tierra que sus manos y su aliento labran y fecundan religiosamente” (Mariátegui, [1927] 2005: 43). Entonces, para el indio, la tierra para él es todo, hay un vínculo de amor con la tierra, y entonces cuando le han quitado la tierra ha perdido el sentido de su existencia, le han quitado toda su energía vital: hoy que estábamos hablando en este encuentro de ayer y antes, la energía vital, la motivación para vivir, eso le ha sido quitado, entonces está ahí como muerto, está añorando recuperar la tierra. Entonces creo que esta idea de recuperar la tierra tiene que ver con reparar los vínculos de afectividad con la madre tierra, la revolución agraria hoy tiene que significar precisamente esto, desintoxicar la tierra así del proceso de concentración, que eso es lo que está asfixiando la vida de la tierra, pero tiene que significar no redistribuir la propiedad sino suprimir el concepto de propiedad, establecer el derecho de pertenencia, el derecho de la territorialidad tiene que ver con la pertenencia territorial.
Entonces uno diría ¿qué es lo que da derecho a la tierra? Un modo de uso, un modo de ocupación, que no tiene que ver con la lógica colonial del conquistador, de extraer, de hacer de eso un botín de guerra y una zona de saqueo, tiene que ver con cuidar, con criar, con ver la tierra como aquello que da el alimento para nuestras hijas y de nuestros hijos, tiene que ver con esa crianza.
La crianza maternal
Por eso tenemos mucho que aprender de las mujeres, las mujeres tienen mucha más conciencia que los varones de lo que significa la crianza de la vida y lo que significa el vínculo material, espiritual, afectivo y económico del proceso de crianza, la crianza es una tarea continua y es un aprendizaje permanente, nunca dejamos de criar, quienes somos papás y mamás sabemos que aunque hay un momento en que nuestros hijos ya se hacen autónomos e independientes, nosotros vivimos ahí, pendientes de ellos también esta idea de crianza significa que no es que yo crío y ya está, la crianza es desde que nacemos hasta que morimos y cuando morimos tenemos que por lo menos haber legado a nuestros hijos y a nuestros sucesores lo que hemos aprendido para que ellos continúen esa tarea de crianza que es transgeneracional, que es perpetua, porque de la crianza depende la vida, entonces eso, creo que cuando estamos hablando de recuperación del territorio, hoy estamos hablando de un saber ancestral pero que es un horizonte de futuro, recuperar el territorio es aprender la ancestralidad de los vínculos de los pueblos originarios con que construyeron con la tierra, que construyeron habitabilidad, que construyeron comunalidad, pero eso no nos lleva al pasado sino que nos proyecta al futuro, si hay futuro es ese futuro de un proceso de recuperación de la territorialidad, de recuperación, de reparación.
La reparación y el humus
Cuando hablamos de reparación tiene que ver con eso, con sanar, con poder cerrar las heridas, con curar, con poder dar lugar a algo que ha sido lastimado, que ha sido enfermado, que se cure, que se reponga, que se recupere, en el proceso de recuperación del territorio nosotros nos estamos reconstituyendo como especie, porque la destrucción de la tierra nos ha ido deshumanizando, no solamente ha destruido la comunidad política de lo humano sino que nos ha ido crecientemente haciendo más violentos, más brutos, más crueles, nos ha ido progresivamente haciendo más inhumanos, entonces la recuperación del territorio es también un proceso de re-humanización, de recuperar la humusidad de lo humano, somos humus, pero eso me parece que tiene que ver con los aprendizajes que para los que estamos acá, para los que hemos venido acá, con esta lucha de esta comunidad y de estas comunidades, que como muchas otras se están replicando en toda América Latina. Entonces eso, yo quería dejar por acá, agradecer la escucha y pensar que este territorio es un espacio de aprendizaje de las opciones de futuro que se nos están abriendo.
Muchas gracias.
¿QUIÉN ES HORACIO MACHADO ARÁOZ?
Horacio Machado Aráoz es licenciado en Ciencia Política (Universidad Católica de Córdoba), diplomado en Planificación Social para el Desarrollo Local (Sur-Cepal, Santiago de Chile), Magíster en Ciencias Sociales, y Doctor en Ciencias Humanas (Universidad Nacional de Catamarca). Su tesis de doctorado (“Naturaleza Mineral. Una ecología política del colonialismo moderno”, 2012) aborda la investigación de la minería transnacional como una de las vetas claves del sociometabolismo colonial del capital y la constitución histórico-geográfica de la hegemonía de Occidente.
Actualmente es investigador independiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET, Argentina), en el Instituto Regional de Estudios Socioculturales (IRES-CONICET-UNCA), donde coordina el Colectivo de Investigación de Ecología Política del Sur (http://www.ecologiapoliticadelsur.com.ar/). Es también Profesor regular de la Cátedra de Sociología II de la Licenciatura en Trabajo Social (Facultad de Humanidades, Univ. Nacional de Catamarca).
DIPLOMATURA DE ECOLOGÍA POLÍTICA DEL SUR
La Diplomatura en Ecología Política del Sur es una propuesta de formación académica y de extensión dictada en Bariloche durante 2026, con modalidad presencial o virtual sincrónica. Está coordinada por el CRUB-UNCo (Centro Regional Universitario Bariloche de la Universidad Nacional del Comahue), el Equipo de Investigación de Ecología Política del Sur, Instituto Regional de Estudios Socioculturales (IRES)-CONICET y la Organización Ecologista Piuke.






