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Un portal digital para revincular la memoria sonora del pueblo Mapuche

Lejos de la lógica de los museos occidentales, el “Espacio de Escucha” autogestivo mapuche devuelve los cantos ancestrales a sus territorios, usa el mapuzungun como escudo contra el extractivismo digital y redefine la relación entre tecnología, naturaleza y soberanía. Visitalo en sonidosmapuche.com
Por Anahi Mariluan
FOTOS: Registros propios del colectivo sonoro activista Kultruneras 

El nacimiento de un “Espacio de escucha” digital en el Wallmapu

El origen de los txawün de Kultruneras o reuniones de expresiones sonoras mapuche se sustenta en un proceso de trabajo territorial sostenido, impulsado por una demanda preexistente por revincular expresiones sonoras con sus territorios. Estos espacios —frecuentemente itinerantes— ya venían vinculando a personas mapuche de diversos territorios y comunidades desde antes del año 2020 con el propósito fundamental de recuperar y re-conocer repertorios familiares, de linaje y de parentesco.

De esa ebullición y de una articulación de años nació el proyecto de “Espacio de Escucha”. Se trata de un espacio digital propio alojado bajo el dominio político e identitario de “sonidos mapuche”. La gestación de esta plataforma fue el resultado de una comunidad de práctica integrada de forma autogestiva y horizontal por kimelfe o educadoras mapuche, realizadoras audiovisuales, músicas, comunicadoras, fotógrafas, artistas, retrafe o plateras, tejedoras y diseñadoras miembros de Kultruneras. 

En este entramado confluyeron también la colectiva de comunicación Mapuce Kimvn —creadoras del histórico programa radiofónico homónimo conducido por la periodista Mara Collinao en Neuquén y de la columna semanal “Ayekan – sonoridades del pueblo Mapuche”—, la colectiva sonoro-activista Kultruneras de Bariloche y la ayuda de la Asociación Arteadentro, dedicada a la investigación y proyección artística e intercultural. Tras sistematizar y poner en valor memorias reunidas a lo largo de más de seis años de trabajo territorial, el colectivo dio luz a una comunidad virtual de resistencia estética y política.

Decolonizar el oído

Una de las decisiones políticas y conceptuales más profundas del proyecto fue distanciarse de la categoría de “archivo”. Principalmente por lo que implica históricamente. Frente a todas las historias que conocemos en donde se disocian las materialidades del pueblo Mapuche inserta en los museos, el colectivo consensuó, en los txawün, crear un “Espacio de Escucha”. Desde esta mirada, el sonido es una vibración viva, un conjunto de saberes que se lleva en el cuerpo y una herramienta del territorio que se planta frente y se resiste a la formalización. Se busca así un proceso restaurativo donde el canto o la poesía, ül, permita habitar el presente y proyectar horizontes de autonomía y futuro.

La plataforma web no sigue un criterio bibliotecario estándar, más bien dibuja un mapa político del tiempo y del espacio que tensiona el pasado colonial con el presente vivo del pueblo Mapuche. Organizado a través de la categoría transversal del ül, que implica tanto el canto como la poesía, el sitio subvierte las clasificaciones occidentales y se despliega en tres áreas fundamentales. Por un lado, un área que rastrea e identifica registros históricos de cantos mapuche confiscados y resguardados en fonotecas y repositorios institucionales. Esta sección se propone actualizar esos sonidos del pasado con las voces y realidades del presente, devolviendo su sentido social y comunitario. 

En otra dimensión se recuperan y difunden grabaciones y expresiones actuales que los territorios usan con fines reparadores o recreativos. Es la demostración empírica de que el canto no es una tradición extinta más bien se trata de una práctica social e identitaria en constante recreación y uso en la vida social contemporánea de las comunidades y personas mapuche.


Luego, existen tres áreas entrelazadas que visibilizan la potencia artística, la experimentación estética y la capacidad creadora de los músicos y cantores o ülkantufe del presente. Al difundir creaciones contemporáneas, dar a conocer el uso y la confección de los ayekawe o instrumentos propios y poner en valor la palabra poética, el sitio legitima las restituciones sonoras de las nuevas generaciones frente a las estéticas urbanas y territoriales modernas. 

Esta experiencia también contiene un área destinada a recibir grabaciones amateurs o registros de investigadores que deciden donar sus archivos para disponerlos en escuchas comunitarias. Esta sección abre un canal consensuado y dialógico para que los materiales retornen a la gestión y control de las propias comunidades mapuche. 

Las integrantes de Kultruneras tradujeron con neologismos cada sección. Por ejemplo, “Ül wiñotulu”, que significa literalmente “cantos que vuelven”. No sólo se espera que las grabaciones vuelvan, sino con ella las contadas en que se produjeron. El colectivo, aspira a ser receptor de quienes no sepan qué hacer con viejas grabaciones. Para ello Kultruneras, se encarga de itinerar con distintas motivaciones donde se las convoque, congregándose mediante escuchas comunitarias para entender mejor los procesos que condujeron al silenciamiento histórico de las expresiones que tienen voz.

Por último, existe una sección que nuclea a los sonidos de la naturaleza y de la biodiversidad —el agua, el viento, las aves que también tienen su voz— y se colocan jerárquicamente en el mismo nivel que las ejecuciones vocales o instrumentales humanas. Se restituye así el kimün o saber originario que comprende al entorno ecológico o lo que el pueblo Mapuche entiende como itrofill mongen, es decir, un sujeto sintiente y parlante con el cual se cohabita y se dialoga.

Hackear el algoritmo: el mapuzungun como escudo

Hacer soberanía en la era digital implica lidiar con contradicciones inevitables. Alojar contenidos en la red global expone los saberes al extractivismo y la captura de agentes externos. Sin embargo, la plataforma despliega tácticas de resistencia tecnológica ingeniosas. Por un lado, utiliza el mapuzungun como filtro político. Así, la web utiliza la lengua originaria como idioma primordial de navegación y catalogación. Esto no es un detalle estético; funciona como un filtro que desactiva e interrumpe la inteligibilidad de los algoritmos de búsqueda y rastreo masivo de metadatos de las corporaciones tecnológicas de Occidente. Al evitar etiquetas genéricas comerciales, se resguardan los saberes de la apropiación cultural y turística masiva, priorizando un acceso íntimo, horizontal y directo para las propias comunidades mapuche que buscan encontrarse con su memoria sonora.

El sitio web también incluye botones en idioma inglés con un fin estrictamente geopolítico que facilita la articulación transfronteriza con comunidades de otras Primeras Naciones con quienes se comparten horizontes de lucha, revitalización y resistencia soberana. El inglés se asume aquí como una lengua franca para tejer redes globales de autodeterminación.

La ética de la descentralización

Fiel a sus principios decoloniales, el diseño de la plataforma elude otra práctica hegemónica que Kultruneras distingue como la acumulación patrimonial. La plataforma fue concebida deliberadamente como una estructura de redireccionamiento ético que no cuenta con un servidor centralizado o “nube” propia para almacenar la totalidad de las colecciones de otros. En diversos txawün o reuniones comunitarias, se rechazó de plano la pretensión de erigirse en “custodios exclusivos”. En su lugar, el sitio respeta y resguarda la potestad y autonomía de cada organización, comunidad o colectivo territorial que ya cuida y gestiona sus propios soportes sonoros, actuando la web únicamente como un puente de libre circulación que facilita el acceso sin acaparar el patrimonio.

El canto también se defiende en la calle

El colectivo es plenamente consciente de que la restitución sonora no se agota en una pantalla web, la cual corre el peligro de volverse un espacio estático de contemplación digital pasiva. Por ello, la potencia radica en su capacidad de trascender el soporte virtual para volver al territorio físico. 

El ejemplo más nítido es el accionar de las Kultruneras en Bariloche. Sus encuentros presenciales, el acto de volver a corporizar los cantos en marchas, ceremonias, reuniones y reclamos colectivos, recobran comunitariamente el afecto, el asombro y la vibración compartida en el espacio público para el cual están abiertas. Esta web que se dispone públicamente bajo el dominio sonidosmapuche.com, coopera en la reparación histórica del Wallmapu, demostrando que las voces de los ancestros están más vivas que nunca y disputan activamente su preexistencia también desde lo sonoro.

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